Me gustaría ver dos hechos interesantes y hablaros sobre ellos
Entonces estos hombres fueron atados con sus mantos, y sus calzas, y sus turbantes y sus otras ropas, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiente. Y como la orden del rey era apremiante, y habían calentado mucho el horno, la llama del fuego mató a los que habían alzado a Sadrac, a Mesac y a Abed-nego. Y estos tres hombres, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiente. Entonces el rey Nabucodonosor se asombró, y se levantó apresuradamente, y habló y dijo a los de su consejo: ¿No echamos a tres hombres atados dentro del fuego? Ellos respondieron y dijeron al rey: Es verdad, oh rey. Respondió él y dijo: He aquí que yo veo cuatro hombres sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún adaño; y el aspecto del cuarto es semejante a un bhijo de los dioses. Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiente, y habló y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y se juntaron los sátrapas, los gobernantes, los gobernadores y los jueces del rey, para mirar a estos hombres, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado, ni sus ropas se habían dañado, ni el olor del fuego había quedado en ellos.
Mosiah 17:9-13
Luego le dijo Abinadí: Te digo que no me retractaré de las palabras que te he hablado concernientes a este pueblo, porque son verdaderas; y para que sepas que son ciertas, he permitido que yo caiga en tus manos. Sí, y padeceré aun hasta la muerte, y no me retractaré de mis palabras, y permanecerán como testimonio en contra de ti. Y si me matas, derramarás sangre ainocente, y esto también quedará como testimonio en contra de ti en el postrer día. Y ahora el rey Noé estaba a punto de soltarlo, porque temía su palabra; sí, tenía miedo de que los juicios de Dios cayeran sobre él. Mas los sacerdotes dieron voces contra Abinadí, y empezaron a acusarlo, diciendo: Ha vituperado al rey. Por tanto, el rey fue incitado a la ira en contra de él, y lo entregó para que lo mataran. Y sucedió que se lo llevaron y lo ataron; y torturaron su carne con brasas, sí, hasta la muerte.
Y ahora lo que me hace pensar a mi
No creo que Abinadí tuviera menos fe en Dios de la que tenían Daniel y sus amigos. Pero a unos los salvó Dios del fuego y los protegió para que no sufrieran en absoluto mientras que al otro lo dejó morir. ¿Acaso eso debe hacernos perder nuestro testimonio de Dios? Os digo que no. Siemplemente los designios de Dios no pueden ser juzgados por nosotros los hombres. Dios sabrá que hacer en que casos y con quienes
¿Por qué digo todo esto?
A veces Dios ayuda a personas a salir de ciertas "situaciones de la vida" y salen ilesos. Pero cuando nos llega el turno a nosotros de pasar por esas mismas experiencias, aunque tenemos fe en Dios absoluta y verdadera nosotros no salimos ilesos sino todo lo contrario. Sufrimos mucho durante algunas experiencias que pasamos una una gran fe a nuestras espaldas y con mucho sacrificio, mientras que otros "menos dignos" sufren mucho menos o incluso, como digo, salen ilesos
¡Y cuanto daño hace eso a nuestros espíritus!. Juzgamos como hombres con ojos de hombres y vemos que no hay justicia en eso. Nuestra fe sufre un severo golpe e incluso nuestro testimonio. Algunos incluso dejan de creer ya que no pueden comprender como ellos sufren tanto trabajando muchísimo en la obra de Dios mientras que otros con apenas esfuerzo pasan sin quemarse....
Y es que debemos de entender, al igual que con Daniel y Abinadí, ambos con corazones rectos y puros ante el Señor, como a ellos dos Dios les hace pasar por la misma prueba y unos salen ilesos mientras que el otro sufre hasta la muerte. Igual que entendemos el caso con ellos debemos entenderlo para nuestros días.
Algunos se quemarán...
No perdamos la fe. Los caminos del Señor son inexcrutables. No sabemos porqué Dios a unos trata de una manera y a otros con la misma o incluso más fe o más trabajo a veces parece que trata peor. Debemos ser fuertes, entender y nunca dejar de luchar.
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Un caballero sabe que la lucha es real, que está ahí. Para él es un honor pelear la batalla siempre, independientemente de que otros estén en su casa tranquilos y en mejores condiciones. La batalla en sí misma es tan noble que el simple hecho de poder pelearla es un honor para nosotros. Seamos todos caballeros y esa piedra de tropiezo que a algunos tanto daño hace y mina su fe o el testimonio de muchas personas para nosotros no será más que un pequeño bache que no nos impedirá seguir en el camino correcto de la felicidad (en el camino correcto hacia Dios)


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